La Obra de Socrates

 Fue el verdadero iniciador de la filosofía en cuanto que le dio su objetivo primordial de ser la ciencia que busca en el interior del ser humano. El método de Sócrates era dialéctico: después de plantear una proposición analizaba las preguntas y respuestas suscitadas por la misma. Esto le convierte en una figura extraordinaria y decisiva; representa la reacción contra el relativismo y  subjetivismo sofista, y es un singular ejemplo de unidad entre teoría y conducta, entre pensamiento y acción. Privilegió un método, al cual denominó (probablemente evocando a su madre partera) mayéutica, es decir, lograr que el interlocutor descubra sus propias verdades. La mayéutica fue su más grande mérito, método inductivo que le permitía llevar a sus alumnos a la resolución de los problemas que se planteaban por medio de hábiles preguntas cuya lógica iluminaba el entendimiento. Según pensaba, el conocimiento y el autodominio habrían de permitir restaurar la relación entre el ser humano y la naturaleza 

Se argumenta que Sócrates creía que "los ideales pertenecen a un mundo que sólo el hombre sabio puede entender", haciendo del filósofo el único tipo de persona adecuada para gobernar a otros. En el diálogo de Platón, la República, Sócrates se oponía abiertamente a la democracia que dirigía Atenas durante su vida adulta. Según él la democracia ateniense no se encontraba a la altura de un gobierno ideal representado por un perfecto régimen dirigido por filósofos. Sin embargo, es posible que el Sócrates de la República de Platón esté coloreado por las propias opiniones de Platón. Durante los últimos años de la vida de Sócrates, Atenas estaba en continuo cambio debido a la agitación política.​ La democracia fue finalmente derrocada por una junta conocida como los Treinta  Tiranos, dirigida por un pariente de Platón, que había sido estudiante y amigo de Sócrates. Los tiranos gobernaron durante aproximadamente un año antes de que la democracia ateniense fuese restaurada, momento en el que declaró una amnistía para todos los acontecimientos recientes.

La oposición de Sócrates a la democracia se niega a menudo, y la pregunta es una de las discusiones filosóficas mayores al intentar determinar exactamente lo que Sócrates creyó.​ El argumento más fuerte de aquellos que afirman que Sócrates no creía realmente en la idea de los reyes filósofos es que la visión no se expresa antes de la República de Platón, que es ampliamente considerada uno de los diálogos "medios" de Platón y no representativa de las visiones históricas de Sócrates . Además, según La Apología de Socrates de Platón, un diálogo "temprano", Sócrates se negó a seguir la política convencional; a menudo afirmaba que no podía mirar los asuntos ajenos o decirle a la gente cómo vivir sus vidas cuando todavía no sabía cómo vivir la suya.​ Él creía que era un filósofo comprometido en la búsqueda de la Verdad, y no pretendía saberlo completamente todo. La aceptación de Sócrates de su sentencia de muerte después de su condena también puede servir para apoyar esta opinión.​ A menudo se afirma que gran parte de las tendencias antidemocráticas son de Platón, que nunca fue capaz de superar su disgusto por lo que se hizo a su maestro.​

En cualquier caso, es claro que Sócrates pensó que las leyes de los Treinta Tiranos eran también objetables; cuando se le llamó para ayudar en la detención de un compañero ateniense, Sócrates se negó y escapó por poco de la muerte antes de que los tiranos fueran derrocados. Sin embargo, cumplió su deber de servir como politico cuando se juzgó a un grupo de generales que presidieron una desastrosa campaña naval; incluso entonces, mantuvo una actitud intransigente, siendo uno de los que se negaron a proceder de una manera no respaldada por las leyes, a pesar de la intensa presión.​ A juzgar por sus acciones, consideró las leyes de los Treinta Tiranos menos legítimas que el Senado Democrático que lo condenó a muerte.

El aparente respeto de Sócrates por la democracia es uno de los temas enfatizados en la obra de 2008, Sócrates on Trial de Andrew David Irvine. Irvine sostiene que fue debido a su lealtad a la democracia ateniense por lo que Sócrates estuvo dispuesto a aceptar el veredicto de sus conciudadanos.​ Como dice Irvine: "Durante un tiempo de guerra y gran revuelo social e intelectual, Sócrates se sintió obligado a expresar sus puntos de vista abiertamente, sin importarle las consecuencias, por lo que hoy se le recuerda no sólo por su ingenio agudo y su alto nivel ético sino también por su lealtad al punto de vista de que en una democracia la mejor manera de que un hombre se sirva a sí mismo, a sus amigos y a su ciudad -incluso durante tiempos de guerra- es ser leal y hablar públicamente de la verdad ". 











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